La historia empieza con la pasión sin límite de Nicolás De Los Ríos por esta industria: una pasión forjada administrando una empresa del sector metalmecánico, viendo de cerca lo que las obras esperan y lo que los talleres incumplen — piezas de 6 metros dobladas por mitades, empates que nadie cotizó, cuadrillas paradas esperando lámina.
La convicción fue tan grande que dos inversionistas más le apostaron a construir la solución desde cero: con ahorros propios, sin atajos, máquina por máquina — hasta traer de fábrica la dobladora de 6 metros que este mercado no tenía.
Somos una empresa familiar, y eso significa una cosa: aquí el nombre propio responde por cada entrega.